Misa Crismal en Catedral San José de Gualeguaychú
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Este Miércoles Santo, se celebró la Misa Crismal en la Catedral San José de Gualeguaychú, presidida por nuestro obispo, Monseñor Héctor Zordán, junto a todos los sacerdotes de la diócesis, diáconos y seminaristas.

La celebración, que reúne a todo el Pueblo de Dios en torno a su pastor, es uno de los momentos más significativos del año litúrgico, en el que se manifiesta de manera especial la comunión de la Iglesia diocesana. Durante la misma, los sacerdotes y diáconos renovaron sus promesas y fueron consagrados los santos óleos que serán utilizados a lo largo del año en las distintas comunidades parroquiales.

En su homilía, monseñor Zordán propuso una reflexión articulada en torno a tres ejes fundamentales.
En primer lugar, puso de relieve la alegría del encuentro como comunidad diocesana, expresando: “¡Es muy gratificante encontrarnos, en esta celebración, los que hemos venido de diversos lugares de la Diócesis!”. En este sentido, destacó el valor de reconocerse como una Iglesia concreta y cercana: “no somos una multitud despersonalizada sino un mapa vivo de la fe y de la experiencia eclesial en este sur entrerriano”, convocada por el Señor para vivir en comunión.
Asimismo, recordó que la vida cristiana se vive necesariamente en comunidad: “la vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana” y que Dios “no quiso salvarnos aisladamente, sino formando un Pueblo”. Por ello, señaló que la Misa Crismal es signo de una Iglesia viva, donde “todos en torno al obispo” manifiestan la alegría de pertenecer a esta Iglesia particular y renuevan su compromiso con la misión evangelizadora.
En un segundo momento, el obispo profundizó en el sentido de la unción, eje central de la celebración. A la luz de la Palabra de Dios, recordó: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido”, subrayando que este misterio alcanza a todo el Pueblo de Dios: “nosotros también hemos sido –somos– ungidos. Ungidos como Jesús; con Él y por Él”.
En esta línea, explicó que todos los fieles participan de esta unción en el Bautismo y la Confirmación, mientras que los sacerdotes han recibido además una unción ministerial: “fuimos elegidos con amor fraterno por el Señor Jesús y ungidos para hacernos partícipes de su ministerio”. Por ello, destacó que esta celebración es una ocasión privilegiada para “renovar la gracia de esa unción ministerial” y hacer memoria agradecida de la propia vocación.
Finalmente, monseñor Zordán centró su reflexión en la iniciación cristiana como uno de los principales desafíos pastorales de la actualidad. En este sentido, y retomando el Documento Final del Sínodo, invitó a redescubrir la riqueza del Bautismo, recordando que “no hay nada más alto que esta dignidad” de ser hijos de Dios, fundamento de toda la vida cristiana.
A partir de esto, animó a fortalecer los procesos catequísticos en las comunidades, señalando: “necesitamos reconocer la importancia de recuperar o fortalecer el valor de iniciación en la catequesis”. De modo particular, puso el acento en la catequesis de jóvenes y adultos, afirmando que es necesario “ofrecer en todas nuestras comunidades itinerarios de iniciación cristiana”.
En un llamado concreto a la acción pastoral, invitó a las comunidades a salir al encuentro de quienes están alejados: “salir decididamente al encuentro de tantas personas… y ofrecerles caminos de encuentro, conocimiento y seguimiento del Señor Jesús”, promoviendo espacios donde cada persona pueda sentirse acogida y acompañada en su camino de fe.
Te invitamos a leer la homilía completa aquí

Al finalizar la Eucaristía, se hizo entrega de un obsequio al P. Ariel Crettaz en el marco de sus bodas de plata sacerdotales, en agradecimiento por su servicio y entrega a la Iglesia a lo largo de estos años.
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