Nuestra Señora de las Islas vivió una jornada histórica con la Solemne Dedicación del Templo y la Consagración del Altar
- Administrador
- 21 jun
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La parroquia celebró un rito de profunda significación litúrgica presidido por monseñor Héctor Zordán. Durante la ceremonia, el templo quedó consagrado definitivamente al culto de Dios y el altar fue ungido como signo de Cristo, piedra viva de la Iglesia.

Cargada de simbolismo, fe y emoción comunitaria, la Parroquia Nuestra Señora de las Islas vivió este viernes la Solemne Dedicación del Templo y Consagración del Altar, un acontecimiento de especial relevancia para nuestra Iglesia. La misa fue presidida por el obispo diocesano, Héctor Zordán, acompañado por sacerdotes, diáconos y numerosos fieles que participaron de una ceremonia especial que marcó el destino litúrgico del templo.
Durante el rito, la iglesia fue consagrada de manera permanente al culto de Dios, mientras que el altar fue ungido como signo de Cristo, piedra viva de la Iglesia, en una liturgia que, por su riqueza de gestos, signos y palabras, expresa con profundidad el sentido espiritual de la celebración.
“Esta celebración es linda, significativa”, expresó monseñor Zordán al inicio de su homilía, al invitar a la comunidad a no perderse “ningún gesto ni ningún rito” de una ceremonia que, según remarcó, “habla por sí sola”. En ese marco, explicó que la consagración implica dedicar algo plenamente a Dios: así como el domingo es el día consagrado al Señor y la Pascua un tiempo consagrado a su misterio de muerte y resurrección, también los templos y altares son apartados para que Dios habite en ellos con su presencia salvadora.
A partir del Evangelio de Zaqueo, el obispo subrayó que en los lugares sagrados “encontramos la salvación”, porque allí Dios se hace cercano por medio de su Palabra y de los sacramentos. “La parroquia, la iglesia parroquial, es la casa de Dios en medio de las casas de los hombres”, recordó, retomando una expresión de San Juan Pablo II para destacar la cercanía de Dios con la vida cotidiana de su pueblo. En ese sentido, sostuvo que el templo no es solo un edificio, sino el lugar donde la comunidad puede encontrarse con Cristo, escucharlo y recibir su gracia.
El eje más profundo de la homilía fue puesto en la dimensión comunitaria de la Iglesia. A partir de la carta de San Pablo, Zordán remarcó que “ustedes son el edificio de Dios”, señalando que la verdadera Iglesia no se limita al templo material, sino que está formada por cada uno de los bautizados, convertidos en “piedras vivas” de una construcción espiritual cuyo fundamento es Cristo resucitado.
Para profundizar esa idea, el obispo citó a San Gregorio Magno, quien comparó a la Iglesia con un edificio en el que “una piedra sostiene a la otra”. Desde esa imagen, Zordán destacó la necesidad de una comunidad donde cada uno pueda sostener y ser sostenido por los demás, poniendo el hombro en los momentos de dolor y también en los de alegría. “Cuando nos sostenemos en la comunidad unos a otros, se va construyendo el edificio de la caridad”, resumió.
En otro tramo de su reflexión, Zordán remarcó el valor de la asamblea litúrgica como expresión concreta de la Iglesia viva. Si bien cada bautizado pertenece a la Iglesia en su vida cotidiana, afirmó que la comunidad “se hace más Iglesia” cuando se reúne, especialmente el domingo, para celebrar la Eucaristía. Allí, explicó, la Iglesia se reconoce como tal, se alimenta de la Palabra y del Cuerpo de Cristo, y fortalece el vínculo fraterno que la constituye como pueblo de Dios.
Finalmente, el obispo sostuvo que la dedicación del templo y la consagración del altar no solo celebran un espacio físico destinado a Dios, sino también a la comunidad que lo habita y le da vida. “No solo hemos venido a celebrar esta iglesia, sino sobre todo esta otra Iglesia que formamos nosotros”, afirmó, al tiempo que llamó a fortalecer la participación de todos en la vida parroquial. “Que ninguno haga faltar su presencia, porque cada uno es necesario para que, como piedras vivas, se vaya construyendo este templo espiritual que es la familia de Dios”, concluyó.
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